El corazón de las tinieblas
El corazón de las tinieblas, un
libro sobre la aventura, la brutalidad de la naturaleza humana, el conocimiento
del individuo y la doble moral colonialista.
Joseph Conrad escribió este clásico
basado en su propia experiencia en el Congo.
Nos habla a través de Marlow un
hombre que captura el espíritu aventurero de un verdadero marino, que a su vez
narra su experiencia como navegante en aguas dulces a sus compañeros en el
buque britanico Nellie.
Conrad nos lleva de la mano de
Marlow a través de su viaje a África, bajo contrato con una empresa dedicada a
la extracción de marfil.
Este nos muestra el viaje que sin
duda representó un descenso a los infierno, pasando por las entrañas
primigenias de la tierra, donde un día, los arboles se alzaron como
indiscutibles dueños de todo lo que ahí había hasta que llego el hombre blanco
y sus demonios de violencia, codicia y deseo de poder y riqueza, hombres que
cazaban y sometían a otros hombre satisfaciendo su voracidad, bajo la pesada
luz del sol de aquel país.
La historia gira alrededor del
señor Krutz, un enigmático personaje
que parece acumular incontables bondades y casi llega a rozar la divinidad, o más
bien del deseo de Marlow por encontrarlo y oírlo hablar.
Sin duda es el relato de un viaje
casi infernal por las entrañas del rio Congo, aunque no debemos olvidar que la
historia es contada desde el Támesis, casi como un paralelismo. Pero más
importante aun no debemos olvidar que el viaje, más que una aventura llena de
peligros, es un viaje interior (no exento de peligros) y no un viaje hacia el
interior de nuestro narrador, si no al interior de Kurtz.
“¿Qué éramos nosotros, extraviados en aquel lugar? ¿Podíamos dominar
aquella cosa muda, o sería ella la que nos manejaría a nosotros? Percibí cuán
grande, cuán inmensamente grande era aquella cosa que no podía hablar, y que
tal vez también fuera sorda. ¿Qué había allí?”
Kurtz que representa el hombre europeo, con valores y educación occidental,
es sin duda alguna, un prodigio, un genio universal dotado de un sobre-humano
poder de la oratoria, que cautiva a todo el mundo con sus discurso, su
sensibilidad artística y por sobretodo su habilidad para recolectar marfil. Kurtz
también representa al colonialista europeo, que es visto como un hombre
moralmente superior y con el derecho de disponer como quiera de las vidas menos
valiosas en nombre del progreso de la civilización.
Pero al enfrentar la fuerza
salvaje de la jungla africana Kurtz
es arrastrado por una vorágine de oscura irracionalidad y la brutalidad
escondida en las tinieblas del corazón humano, es liberado de las cadenas de su
condición moral y sucumbe ante la locura convirtiéndose en su propio
antagonista, siendo un reflejo de la crueldad y la maldad que el colonialista
esconde tras una cortina de valores morales.
Admirado por los peregrinos y
miembros de la empresa y divinizado por los salvajes, este personaje nos
representa dos versiones de una realidad despiadada, donde el poder es lo que
mueve al hombre.
Marlow es el único que puede entender,
y siente lastima por esa sombra consumida por la locura, la enfermedad y por
fin, la muerte, ya que él es consciente de la lucha a la que está expuesto el hombre
en situaciones tan adversas como esas y lo fácil que es abandonar la propia
humanidad en una oscuridad horriblemente seductora.
A lo largo de esta elocuente descripción
de un viaje con muchos tropiezos, se nos hace creer que la naturaleza, poderosa,
llena de misterio y amenazas ocultas, un sitio lúgubre y tenebroso, es el corazón
de las tinieblas, pero si penetramos la esencia misma de los personajes nos
daremos cuenta que la maldad primigenia no se encuentra en estos hermosos lugares
escondidos del mundo moderno, si no que se encuentra agazapada en el interior
del hombre, el verdadero corazón de las tinieblas
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